Que cosas tiene el INEM. El otro día me llegó una oferta de trabajo para un hospital. Resultó ser para jefe médico de Urgencias en San Jorge:
- Buenos días, vengo a fichar por lo de la oferta de empleo, pero creo que no soy lo que buscan, porqué soy de empresariales.
- Buenos días, vengo a fichar por lo de la oferta de empleo, pero creo que no soy lo que buscan, porqué soy de empresariales.
- Bueno, bueno, eso lo dirá usted. El caso es que es el único candidato, así que el puesto es suyo.
- Pero oiga, ¡que no tengo ni puta idea de medicina!
- A mí no me cuente historias, que yo soy el celador, tampoco tengo ni puta idea de entrevistas de selección y me aguanto.
- Sí, pero es que no puedo aceptar el trabajo, es mucha responsabilidad tratar a pacientes, realizar operaciones, poner jeringuillas, llevar bata…
- Ya, ya…. serán 3.600 eurazos limpios al mes.
- ¿Cuándo empiezo?
- Ya mismo, póngase esa bata y salga a urgencias, que nos viene un caso de un accidente de fórmula uno. Al parecer el piloto, al subir al coche se ha pillao el dedo con la puerta y luego de rabia se ha dao con la cabeza en el retrovisor.
- ¿Formula uno en Huesca? ¿qué puerta?
- ¿Me lo va a discutir todo o qué? Salga fuera y empiece a trabajar.
Así que me puse la bata, le quité un bastón a un abuelo que estaba en la sala de espera (me va el rollo House) y esperé a que se abriera la puerta de urgencias.
En un minuto se abrió y entro una camilla con cuatro camilleros corriendo a toda leche dando voces:
- Varón, 26 años, contusiones varias, es del Barsa, 80 pulsaciones, tensión baja…
- Sí, vale – dije yo – pero la camilla está vacía.
- Ostiá, el enfermo! Nos lo hemos dejao en la ambulancia. Ahora volvemos.
A los dos minutos volvieron a aparecer, esta vez los cinco
- Varón, 26 años, contusiones varias, es del Getafe, 80 pulsaciones, tensión baja…
- ¿Del Getafe? ¿no era del Barsa?
- Sí doctor, es que se acaba de enterar de lo del Manchester..
- Está bien, está bien. Háganse a un lado que lo examino…. ¡Dios mío! ¡A perdido el cuello!, rápido, entubación, 100 ml. De epinefrina, dos aspirinas, una… sonda y para mí una caña con limón y unas almendras!
- Por lo del cuello tranquilo doctor. Es que es Fernando Alonso.
- Ahhhh. Uff. Que susto. Bueno, vamos a ver. ¿Fernando? ¿Que tal estás?
- Me duele el cuello
Descojone general
- No, venga, en serio, ¿Qué te duele?
- El cuello y el dedo gordo.
- Qué pesado con lo del cuello. En fín, a ver ese dedo. Vamos a ver… Sí… a ver, enfermera, háganle una radiografía de la cabeza(si no cabe en una placa, lo hacen en dos veces, y quiténle la gorra eh), háganle también un electro y un tac y si tiene tierras, le hacen también la pac, después pondremos 10 ml de epinefrina, 20 de cortisona y 30 ml de antibióticos.. por ejemplo.
- Doctor....! Que esto no es Houston!
- Vale, pues.. ¿tenemos reflex?
-Sí, algo queda.
- Pues venga, una de reflex y arreando, que esto se cura con reposo.
- Esto… ¿qué dices Fernando?
- A mi novia y a la Pataki – insistió-.
- Ejem....Estooo.. Está delirando, enfermera, moje un pañuelo en cloroformo y metánselo en la nariz.
En éstas estábamos cuando llegó el director del Hospital y me dijo:
- Lo siento pero por reestructuración de plantilla hemos decidido prescindir de su puesto.
- Pero si acabo de entrar! Solo llevo diez minutos trabajando -protesté-.
- ¿Diez minutos? Mejor, menos finiquito.
Así que nada, me hicieron el finiquito, me dijeron que por los diez minutos trabajados me correspondían 12 segundos de vacaciones, 3 segundos de asuntos propios y 2 euros de salario y prorrateo de pagas extras. Como gesto de agradecimiento me permitieron gastar mis vacaciones y mis asuntos propios antes de irme, por lo que invertí los 15 segundos en llegar a la cafetería y los dos euros me los gasté en cerveza.
Una hora después ya estaba otra vez en la oficina del paro.
- ¡Qué pena lo tuyo, qué pena! -me dijo la funcionaria- un puesto tan bueno, y en la puerta de casa, como quien dice!
- Sí, -le dije yo-. ¿Y sabe lo peor? Que ya le había cogido cariño a mis compañeros…
Una hora después ya estaba otra vez en la oficina del paro.
- ¡Qué pena lo tuyo, qué pena! -me dijo la funcionaria- un puesto tan bueno, y en la puerta de casa, como quien dice!
- Sí, -le dije yo-. ¿Y sabe lo peor? Que ya le había cogido cariño a mis compañeros…


